Esta leyenda mexicana aconteció en un pequeño pueblo al noreste de Nuevo León, aunque realmente pudo suceder en cualquier rincón del mundo en el que las almas aún penan.

Era el día de la fiesta patronal del pueblo y toda la gente se preparaba para ella. Como es costumbre, la plaza principal ya lucía decorada con banderines y papel picado, además de las diminutas y numerosas luces de colores que alumbraban la cada vez más creciente oscuridad. La iglesia, que se encontraba justo enfrente del palacio municipal, se preparaba también para la misa de esa tarde, la que daría inicio a los festejos que usualmente terminaban pasada la media noche.

El kiosco de la plaza estaba ya ocupado por los músicos que tocarían ese día, todos los integrantes del grupo vestían con ropa vaquera, de colores similares e impecablemente planchada, mientras afinaban y practicaban algunas piezas musicales, se reían y jugaban bromas entre ellos.

Las personas de las vendimias se acomodaban en el perímetro de la plaza, todos pusieron sus puestos puntualmente; estaban el de los antojitos mexicanos, el de la lotería, el de los elotes cocidos y asados, el que vendía dulces y botanas; más allá estaba el señor con los algodones de azúcar, otros puestos más de comida, uno que había ido a vender joyería de fantasía e incluso uno de tiro al blanco.

Esa era la primera vez que Luis acudía a esa kermés. Él era originario del sur del país, pero sus papás lo habían mandado a estudiar al norte, su amigo Mario lo había invitado a pasar ese fin de semana en el pueblo, del cual eran originarios sus abuelos. Luis y Mario llegaron a tiempo para la misa y cuando ésta hubo terminado siguieron con la fiesta que tenía lugar en la plaza municipal. Aunque Luis ya había asistido a otras fiestas, esa verbena le pareció muy animada, con muchos colores, con gente muy amable y sobretodo muchachas muy guapas.

Después de un rato de andar paseando por los puestos con Mario y de haber intentado sin éxito dar en el blanco en el puesto de los juegos, a Luis se le antojó un refresco y fue ahí cuando la vio. Fue amor a primera vista, ella era hermosa y a ojos de Luis, perfecta. Le dijo a Mario que iría a saludar a la muchacha que estaba sentada en la banca cerca del kiosco y su amigo no necesito más explicación.

Luis se acercó con un poco de nervios y la saludó.

– ¡Hola!

La muchacha parecía sorprendida al escuchar el saludo y verlo frente a ella.

– ¡Hola! – respondió ella un poco nerviosa.

-Me llamo Luis, es la primera vez que vengo a la feria, ¿cómo te llamas?

-Lucía.

– ¿Te puedo acompañar o esperas a alguien?

-Vine sola y claro te puedes sentar.

Y la noche terminó de caer mientras platicaban ellos dos, ajenos a la gente que iba y venía por la plaza, a los puestos, al ruido y a la música, todo había sido eclipsado por su conversación. Luis le platicó que estudiaba ingeniería, que se graduaría en dos años, que le gustaba el pueblo y hasta le ofreció varias veces ir por algún refresco o por comida; pero Lucía declinó las invitaciones una tras otra, diciéndole que estaba bien así y que sólo quería platicar con él.

Faltaban poco más de media hora para la media noche, cuando Lucía le dijo a Luis que se tenía que ir, que no tenía permiso de llegar tan tarde. Luis ofreció llevarla hasta su casa, y después de muchos ruegos y algo nerviosa, Lucía aceptó.

Mientras se dirigían a casa de Lucía empezó a soplar un viento frío, extraño para esa época del año, Lucía se froto los hombros, intentando darse calor. Para Luis el gesto no pasó desapercibido y rápidamente le ofreció su chaqueta, ella aceptó gustosa y hasta un poco avergonzada y se la colgó sobre los hombros.

Siguieron platicando de cosas sin importancia, cosas de muchachos que se empiezan a enamorar. Cuando llegaron a casa de Lucía, a los dos les parecía que aún les faltaba mucho por decirse, así que cuando Lucía se iba a quitar la chaqueta para entregársela, Luis le propuso que la conservará, que aún hacía frío y que el pasaría mañana por ella y así aprovechaba para saludarla.

Al día siguiente Luis fue a casa de Lucía y aunque estaba nervioso, se armó de valor y tocó a la puerta…pero nadie abrió. Otra vez volvió a tocar, pero nada. Tocó de nuevo más fuerte y más insistente, pero el resultado fue el mismo. Empezó entonces a llamarla.

-Lucía, Lucía…

– Pero ¿quién hace tanto alboroto? ¿Se le ofrece algo? -dijo la vecina de la casa de enseguida, una viejecita bajita y menuda que llevaba una trenza de lado.

-Sí señora, vengo a buscar a Lucía, pero nadie me abre, ¿sabe si salieron?

-Y nadie le abrirá, se mudaron hace mucho tiempo, así que déjese de bromas y váyase. ¡A verse visto! – Y se fue dando un portazo.

-Pero señora, espere, busco a Lucía.

La señora acostumbrada a que fueran curiosos a la casa, pensó que Luis era uno de ellos, entonces medio en broma, medio enserio, le dijo:

– ¿Por qué no la busca por la escuela? Ahí siempre está.

-Gracias.

No muy convencido se dirigió a buscar la escuela, pensó en ir a despertar a Mario, a quien no había visto desde la noche anterior, pero al final desistió, seguro que si le preguntaba a alguien más le decía dónde podría localizarla, después de todo ¿cuántas Lucías o escuelas podría haber en el pueblo?

No había avanzado mucho cuando divisó una escuela, se acercó a ella corriendo, pero al ser domingo estaba cerrada. Intento buscar a alguien dentro, pero la escuela estaba vacía. Cuando se dio media vuelta para irse, se dio cuenta que frente a la escuela estaba el panteón. No le habría dado importancia de no ser por lo que vio en el panteón, algo que le resultó sumamente familiar.

Mientras se adentraba al cementerio no daba crédito a lo que sus ojos veían. Al principio creía que se trataba de una broma, pero al acercarse y leer la lápida se sintió desfallecer y sólo acertó a sentarse en el suelo. En ella se leía el nombre de Lucía y la fecha de su muerte, hace diez años.

Se puso a repasar todos los acontecimientos de la noche anterior, intentando encontrar un indicio, un detalle, algo que le indicará que lo que había vivido era real. Tardó casi una hora en encontrar las fuerzas para pararse, se persignó y dejó su chaqueta sobre la tumba, seguro de que a Lucía le serviría más que a él.

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Leyenda mexicana “La chica del pueblo”

This Mexican legend took place in a small town in the northeast of Mexico, but it could take place almost everywhere in the world where the souls are still in torment.

It was the day of the year where the town was holding its annual fiesta and all the people were getting ready for it. The main square was decorated with colored papers and tiny and numerous lights. The church which was across the town hall and it was getting ready for the mass who will be hold later and would mark the beginning of the celebrations that usually go on until past midnight.

The musicians who would play that day were all set and ready on the bandstand. They were wearing jeans and plaid shirts, all looked neat and nice, and while they were rehearsing, they were also kidding and playing around.

The people who would have stands on the fair were getting ready to set them up. There was a stand which Mexican food was sold, a stand with corns on the cab, another one with cotton candy, more stands with a variety of food and snacks and even one who sell imitation jewelry and one more with a target shooting.

There was the first time that Luis went to the fair. He was from the south of Mexico, but his parents sent him to the north to study Collage. His friend Mario has invited him to spend the weekend in the town, where Mario’s grandparents where from. Mario and Luis arrived in time for the mass and once it was over they headed to the fair, to enjoy it. Luis found the place and people very warming and cheering and the women in town very beautiful.

Luis was in the mood for a soda pop after he’s been walking around and playing target shooting (without success), and then he saw her. It was love at first sight, she was beautiful and looked perfect from Luis’ perspective. Luis told Mario he was going to talk to her and Mario didn’t need more explanation.

Luis was a little bit nervous when he was approaching her.

– Hello!

The girl looked surprised when looked at Luis in front of her.

– Hi! -she answered nervously.

– My name is Luis, it’s my first time in town. What’s your name?

– Lucía.

– May I sit down or are you waiting for someone?

– I’m on my own and of course, have a sit.

The night was getting darker but the two of them were unaware of it, they were talking so placidly that didn’t even notice the people around of them, the music that was been playing, the noises, everything was been eclipsed by their conversation. Luis told Lucía that he was studying a bachelor degree in engineering and will graduate in two years. He told her how much he liked the town and insisted her to go get something to eat or drink but Lucía refused, she told him she was fine and preferred to talk to him.

It was close midnight when Lucía told Luis that she had to go home, it was getting late and she needed to be back. Luis offered her to walk her home, and after many request from him, she nervously accepted.

While they were walking to Lucía’s home, a very strange wind for that time of the year started to blow; Lucía rubbed her shoulders indicating she was getting cold. Her gesture did not go unnoticed for Luis, who quickly offered her his jacket. Lucía took the jacket gladly and a little ashamed put it over her shoulders.

They both continuing talking and laughing about unimportant things, just as two young people falling in love. When they got to Lucía’s house, they both felt there were many things to say yet. Lucía started to take off the jacket when Luis stopped her and asked her to keep it, he would come back the next day to pick it up and talk to Lucía again. She nodded and say good-bye.

The next day Luis went to Lucía’s home, he was a little bit nervous, but plucked up courage and knocked at the door…but nobody went to open. Knock at the door again, again nobody went to open. Knocked again one more time loudly, but the result was the same. Then he started calling her.

-Lucía! Lucía!

– For God’s sake! Who’s making so much noise? What do you need young man? Said the next door neighbor, an old and slight woman who has her gray hair braided.

– Ma’am it’s me, I’m looking for Lucía, but it seems nobody is at home.

– Of course nobody is at home! They moved many years ago, stop fooling around and go away. For God’s sake! – And closed the door firmly.

– But please wait! I’m looking for Lucía.

The lady who was used to curious people visiting the house next to hers, thought Luis was one of them. She told him kind of half serious, half joking:

 -Why don’t you go to the school? She is always there.

– Thanks! – replied Luis.

Not very convinced of going to the school, Luis thought of waking up Mario, who hasn’t seen since yesterday, but at the end gave up that thought and decided to go and look for the school, after all, how many schools or women called Lucía could be in town.

Luis hasn’t walked to much when suddenly he saw a school, he started to run to get there but when finally arrived, realized it was Sunday and of course it was closed and empty. Nobody was there. He turned to leave when he saw the cemetery in front of the school. He tried not to attach to much important to that matter, but then saw something familiar in the graveyard.

Luis started to walked into the cemetery and couldn’t believe his eyes. He first thought it was a joke, but once got to the gravestone he became weak and managed to sit down on the ground. The name of Lucía could be read on the gravestone along with her date of death, ten years ago.

He replayed on his head all the events from last night, intended to look for something he had overlooked, something to make last night real. It took him almost an hour to get his strength back and stand up. He crossed himself and left his jacket over the tomb, he was sure Lucía would find it helpful.

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